Arte ecuestre
A Horse’s Tale – Capítulo 10: El general Alison y Dorcas

Del hombre que nos dio Huckleberry Finn: la historia de Mark Twain sobre el caballo de Buffalo Bill se escribió para llamar la atención sobre el sinsentido de las corridas de toros.
Parte I
Capítulo X: El general Alison y Dorcas
“Demasiada compañía para ella, señorito Tom. Entre usted, y Shekels, la esposa del coronel, y el Cid…”
“¿El Cid? Ah, ya me acuerdo: el cuervo”.
“…y la señora del capitán Marsh, y Famine y Pestilence, los coyotes bebés, y Sour-Mash y sus cachorros, y Sardanapalus y sus gatitos —malditos sean estos nombres que les pone a los bichos, me tuercen la mandíbula—, y Potter: todos ustedes sentados por la casa, y Soldier Boy en la ventana todo el santo rato, yo no sé cómo se recupera tan bien como lo hace. Ella…”
“¡Lo que quieres es tenerla toda para ti, vieja tacaña!”
“Señorito Tom, usted sabe que no es eso. Es demasiada compañía. ¡Y luego, eso de que esté recibiendo informes de sus oficiales a todas horas, y actuando en consecuencia, y dando órdenes, igual que si estuviera buena! No le hace ningún bien, y al cirujano no le gusta, y trató de convencerla de que no lo hiciera y no pudo; y cuando se lo ordenó, ella se puso de lo más ofendida e indignada, y fue muy severa con él, y lo acusó de insubordinación, y le dijo que no le correspondía dar órdenes a un oficial de su rango. Bueno, él vio que la había alterado más y le había hecho más daño que todos los demás juntos, así que se enfadó consigo mismo y deseó haberse quedado calladito. Los médicos no saben mucho, y eso es un hecho. Ella se interesa demasiado por las cosas; debería descansar más. Se pasa el día mandando mensajes a BB, y a los soldados y a los indios y qué sé yo, y a los animales”.
“¿A los animales?”
“Sí, señor”.
“¿Y quién se los lleva?”
“A veces Potter, pero casi siempre Shekels”.
“¡Vamos, hombre! ¿Quién puede ponerle pegas a un juego de imaginación tan bonito?”
“Pero no es imaginación, señorito Tom. Se los manda de verdad”.
“Sí, de esa parte no lo dudo”.
“¿Duda de que los reciban, señor?”
“Desde luego. ¿Tú no?”
“No, señor. Los animales hablan entre ellos. Lo sé perfectamente, señorito Tom, y no lo digo por decir”.
“¡Qué superstición tan curiosa!”
“No es ninguna superstición, señorito Tom. Mire a ese Shekels; mírelo ahora. ¿Está escuchando o no está escuchando? ¡Ahí lo tiene! Ha vuelto la cabeza. Es porque lo han pillado: pillado con las manos en la masa. Yo le pregunto: ¿podría un cristiano tener más cara de vergüenza que la que tiene él ahora? ¡Échate! ¿Lo ve? Se iba a escabullir. ¡A mí no me diga, señorito Tom! Si los animales no hablan, que me aspen. Y Shekels es el peor. Va y les cuenta a los animales todo lo que pasa en las dependencias de los oficiales; y si le faltan datos, se los inventa. No tiene más principios que un arrendajo azul; y en cuanto a moral, está vacío. Mírelo ahora; mire cómo se arrastra. Sabe lo que estoy diciendo, y sabe que es verdad. Usted mismo lo ve: puede sentir vergüenza; es la única virtud que tiene. Es asombroso cómo se enteran de todo lo que pasa, los animales. Ellos…”
“¿De verdad crees que se enteran, Dorcas?”
“No es que lo crea, señorito Tom, es que lo sé. Anteayer sabían que iba a pasar algo. Estaban de lo más alterados, cuchicheando por ahí entre ellos; vaya, cualquiera podía ver que… ¡Pero ay, Dios! Tengo que volver con ella, y todavía no le he dicho a lo que venía”.
“¿Qué es, Dorcas?”
“Bueno, son dos o tres cosas. Una es que el doctor no saluda cuando llega . . . Vamos, señorito Tom, que no es cosa de risa, y así…”
“Bueno, pues perdóname; no era mi intención reírme… me ha pillado desprevenido”.
“Verá, ella no quiere herir los sentimientos del doctor, así que no le dice nada; pero ella es siempre educada, y a los que son así les duele que la gente sea grosera con ellos”.
“Haré que ahorquen a ese doctor”.
“Señorito Tom, ella no quiere que lo ahorquen. Ella…”
“Bueno, pues haré que lo hiervan en aceite”.
“Pero ella no quiere que lo hiervan. Yo…”
“Oh, muy bien, muy bien, yo solo quiero complacerla; haré que lo desuellen”.
“Pero si ella no quiere que lo desuellen; le partiría el corazón. Vamos…”
“Mujer, esto es completamente irrazonable. ¿Qué demonios quiere?”
“Señorito Tom, si tuviera usted un poquito de paciencia y no se pusiera hecho una furia por cualquier cosita… Pero si ella solo quiere que usted hable con él”.
“¡Que hable con él! ¡Vaya, por mi palabra! Toda esta furia y este escándalo impropios por un… un… Dorcas, nunca te había visto ponerte así. Has alarmado al centinela; cree que me están asesinando; cree que hay un motín, una revuelta, una insurrección; cree…”
“Señorito Tom, usted está fingiendo; lo sabe perfectamente; no sé qué le hace portarse así… pero siempre lo hizo, hasta cuando era pequeño, y supongo que no se le puede quitar. ¿Ya se le ha pasado, señorito Tom?”
“Bueno, sí; pero pondría a prueba a cualquiera estar haciéndolo lo mejor posible, ofreciendo toda amabilidad que se le ocurra, para que se la rechacen con desprecio y . . . Bah, bueno, dejémoslo; no importa… hablaré con el doctor. ¿Te parece bien, o vas a estallar otra vez?”
“Sí, señor, me parece bien; y lo justo es hablar con él, además, porque es tal como dice ella; está intentando mantener la disciplina en los Rangers, y esta insubordinación de él les da mal ejemplo… ¿a que sí, señorito Tom?”
“Bueno, algo de razón tiene, no puedo negarlo; así que hablaré con él, aunque en el fondo creo que ahorcarlo sería más duradero. ¿Qué más te trae por aquí, Dorcas?”
“Claro, su habitación es ahora el cuartel general de los Rangers, señorito Tom, mientras está enferma. Bueno, pues los soldados de caballería y los dragones que están libres de servicio vienen y piden a sus centinelas que los dejen relevarlos y hacer la guardia en su lugar. Es solo por cariño, señor, y porque saben que los honores militares le gustan a ella, y les gustan también a los niños, por ella; y no traen los mosquetes; y así…”
“Los he visto allí, pero no había caído en la cuenta. Así que están montando guardia, ¿eh?”
“Sí, señor, y a ella le da miedo que usted los reprenda y hiera sus sentimientos si los ve allí; así que le ruega que, si… si no le importa entrar por la puerta de atrás…”
“Sujétame, Dorcas; no me dejes desmayarme”.
“Vamos, incorpórese y pórtese bien, señorito Tom. No se va a desmayar; solo está fingiendo; ya se portaba así cuando era pequeño; parece que le está costando mucho hacerse mayor”.
“Dorcas, al paso que va la niña, me voy a quedar sin trabajo dentro de poco: tendrá todo el puesto en sus manos. Tengo que plantarme, no debo rendirme sin luchar. Estas intromisiones. . . . Dorcas, ¿qué crees que se le ocurrirá ahora?”
“Señorito Tom, ella no tiene mala intención”.
“¿Estás segura?”
“Sí, señorito Tom”.
“¿Estás convencida de que no tiene designios ulteriores?”
“No sé qué es eso, señorito Tom, pero sé que no los tiene”.
“Muy bien, entonces, por ahora me doy por satisfecho. ¿A qué más has venido?”
“Creo que mejor le cuento primero todo el asunto, señorito Tom, y luego le digo lo que quiere ella. Ha habido una émeute, como ella lo llama. Fue antes de que volviera con BB. El oficial de guardia se lo comunicó esta mañana. Pasó en su fuerte. Hubo una trifulca entre el general de división Tommy Drake y la teniente coronel Agnes Frisbie, y él le quitó la muñeca de un tirón, que es de cabritilla blanca rellena de serrín, y le arrancó hasta el último trapo de ropa, delante de todos, y está arrestado, y la acusación es conducta impro…”
“Sí, ya sé: conducta impropia de un oficial y un caballero; un caso clarísimo, además, me parece. Es un asunto serio. Bueno, ¿y qué es lo que desea ella?”
“Bueno, señorito Tom, ha convocado un consejo de guerra, pero el doctor no cree que esté lo bastante bien para presidirlo, y ella dice que no hay nadie competente más que ella, porque hay un general de división implicado; y por eso ella… ella… bueno, dice que si usted lo presidiría en su lugar . . . ¡Señorito Tom, incorpórese! Usted no se va a desmayar, igual que no se va a desmayar Shekels”.
“Mira, Dorcas, vuelve allí y ten tacto. Sé persuasiva; no la inquietes; dile que todo está bien, que el asunto está en mis manos, pero que no está bien visto precipitarse en un asunto tan grave como este. Explícale que tenemos que guiarnos por los precedentes, y que creo que este es nuevo. De hecho, puedes decirle que sé que en nuestro ejército no ha ocurrido nada exactamente igual, así que debo guiarme por precedentes europeos, y tengo que ir con cautela y examinarlos con cuidado. Dile que no se impaciente, que me llevará varios días, pero que todo saldrá bien, y que iré a informarle de los avances según vaya avanzando. ¿Lo captas, Dorcas?”
“Pues no sé si lo capto, señor”.
“Bueno, es esto. Verás, no estaría nada bien que yo, un general de brigada del ejército regular, presidiera ese consejo de guerra infantil: no hay ningún precedente, ¿no lo ves? Muy bien. Seguiré examinando autoridades e informando de los avances hasta que ella esté lo bastante bien para sacarme de este aprieto presidiéndolo ella misma. ¿Lo captas ahora?”
“Ah, sí, señor, ya lo capto, y está bien pensado; voy a arreglarlo con ella. ¡Échate! Y quédate donde estás”.
“Pero ¿qué daño está haciendo?”
“Oh, ningún daño, pero me fastidia verlo portarse así”.
“¿Qué estaba haciendo?”
“¿No lo ve, con lo nervioso que está? Ya iba a salir a contarlo por todo el puesto. Ahora supongo que ya no negará más que van y cuentan todo lo que oyen, ahora que lo ha visto con sus propios ojos”.
“Bueno, no me gusta reconocerlo, Dorcas, pero no veo cómo puedo seguir aferrándome a mis dudas, en buena lógica, ante una prueba tan abrumadora como la que está dando este perro”.
“¡Vaya, por fin ha entrado usted en razón! No sé cómo puede ser tan cabezota, señorito Tom. Pero siempre lo fue, hasta cuando era pequeño. Ya me voy”.
“Escucha; dile que, en vista del retraso, a mi juicio debería poner al acusado en libertad bajo palabra”.
“Sí, señor, se lo diré. ¿Señorito Tom?”
“¿Sí?”
“Ella no puede ir a ver a Soldier Boy, y él está ahí plantado todo el rato, alicaído y solo; y dice que si usted le daría la mano y lo consolaría. Todo el mundo lo hace”.
“Es una soledad bien curiosa; pero, de acuerdo, lo haré”.
Traducido del inglés. Leer el original