Arte ecuestre
El caballo y el olivo – Capítulo 1: En busca de un rey

Una historia de caballos de Old Greek Stories, de James Baldwin. Se cuenta en dos capítulos, aunque en el primero hay pocos caballos… lo siento, al menos es corto.
En una colina empinada y pedregosa de Grecia vivían, en tiempos remotos, unas pocas personas muy pobres que aún no habían aprendido a construir casas. Hacían sus hogares en pequeñas cuevas que excavaban en la tierra o vaciaban entre las rocas; y su alimento era la carne de los animales salvajes que cazaban en los bosques, con alguna que otra baya o nuez de vez en cuando. Ni siquiera sabían hacer arcos y flechas, sino que usaban como armas hondas, garrotes y palos afilados; y la poca ropa que tenían estaba hecha de pieles. Vivían en lo alto de la colina porque allí estaban a salvo de las fieras del gran bosque que los rodeaba, y a salvo también de los hombres salvajes que a veces vagaban por la región. La colina era tan empinada por todos lados que no había forma de subirla salvo por un único y estrecho sendero, que siempre vigilaba alguien desde arriba.
Un día, mientras los hombres cazaban en el bosque, encontraron a un joven desconocido de rostro tan hermoso y tan bellamente vestido que apenas podían creer que fuera un hombre como ellos. Su cuerpo era tan esbelto y ágil, y se movía con tanta soltura entre los árboles, que lo tomaron por una serpiente con apariencia humana; y se quedaron inmóviles, asombrados y alarmados. El joven les habló, pero no entendían ni una palabra de lo que decía; entonces les hizo señas de que tenía hambre, y ellos le dieron algo de comer y dejaron de tener miedo. De haber sido como los hombres salvajes de los bosques, quizá lo habrían matado en el acto. Pero querían que sus mujeres y sus hijos vieran al hombre serpiente, como lo llamaban, y lo oyeran hablar; así que se lo llevaron con ellos a lo alto de la colina. Pensaban que, después de exhibirlo durante unos días, lo matarían y ofrecerían su cuerpo en sacrificio al ser desconocido que, según imaginaban vagamente, tenía algún tipo de poder sobre sus vidas.
Pero el joven era tan hermoso y tan amable que, cuando todos lo hubieron visto, empezaron a pensar que sería una gran lástima hacerle daño. Así que le dieron comida y lo trataron con bondad; y él les cantaba canciones y jugaba con sus hijos, y los hizo más felices de lo que habían sido en mucho tiempo. En poco tiempo aprendió a hablar su lengua; y les dijo que se llamaba Cécrope y que había naufragado en la costa, no muy lejos de allí; y luego les contó muchas cosas extrañas sobre la tierra de la que venía y a la que nunca podría volver. La pobre gente escuchaba y se maravillaba; y no tardaron en quererlo y en admirarlo como a alguien más sabio que ellos. Entonces empezaron a consultarle todo lo que había que hacer, y no hubo uno solo de ellos que se negara a cumplir sus órdenes.
Así fue como Cécrope, el hombre serpiente, como seguían llamándolo, se convirtió en el rey de la pobre gente de la colina. Les enseñó a hacer arcos y flechas, a tender redes para los pájaros y a pescar con anzuelos. Los guio contra los feroces hombres salvajes de los bosques y les ayudó a matar a las fieras que tanto los habían aterrorizado. Les enseñó a construir casas de madera y a cubrirlas con los juncos que crecían en las marismas. Les enseñó a vivir en familias en lugar de amontonarse como bestias sin juicio, como siempre habían hecho. Y les habló del gran Júpiter y de los Poderosos que vivían entre las nubes, en la cima de la montaña.
Traducido del inglés. Leer el original