Entrevistas
Samantha Jane Elmhurst – Entrevista a una artista ecuestre
Nombre
Samantha Jane Elmhurst BA Hons
Sitio web y lugares donde puedes encontrar mi obra en internet
Sitio web: www.livingart.org.uk
About.com: Artículo sobre ilustración médica veterinaria
Libro de anatomía: The Horse in Motion
Vetcell: Anatomía de los tendones del caballo (PDF)
Allan and Page: Bringing Him From the Brink
Puedes ver mi obra en el sitio web de la BSAVA y en los sitios de otras editoriales en forma de portadas de libros, páginas interiores, etc. (¡basta con buscar mi nombre en Google para encontrarlas!)
Dónde estoy
Norfolk, Reino Unido
Cuéntanos un poco sobre ti: ¿cuál es tu trayectoria y de dónde vienes?
Soy londinense de origen; siempre me encantaron el arte y los caballos, y estoy segura de que lo primero que dibujé en mi vida fue un caballo. Según mi madre, mi primer contacto con los caballos fue ver uno en un prado por encima de una cancela, ofrecerle algún tipo de golosina y llevarme un buen mordisco en la mano. La verdad es que no me acuerdo mucho, pero eso contradice el viejo dicho de que, a veces, si tu primer recuerdo de un caballo es algo así, te puede hacer cogerles manía para el resto de tu vida. ¡A mí no!
En familia solíamos ir de vacaciones al precioso Devon, a casa de mi bisabuela. ¡Muy lejos del norte de Londres de las afueras, y una auténtica bendición! Creo que tenía unos 7 u 8 años cuando fuimos todos de pícnic a un prado con dos caballos (¡en realidad, ponis!) y mi madre y yo les ofrecimos unas golosinas. Entonces se nos acercó una granjera y pensamos que nos iba a reñir, pero pasó justo lo contrario, y ahí es donde empezó todo de verdad: en un prado de Southleigh, East Devon, hacia 1973.

Para resumir muy brevemente el resto de las vacaciones: después de preguntarnos si a mi hermana y a mí nos gustaría llevar a los ponis de vuelta a sus cuadras en la granja, nos preguntaron si querríamos volver otro día a montarlos. Por supuesto que volvimos; el poni que monté se llamaba Smokey, un pío blanco y negro, y mi hermana pequeña montó a Spice, un poni castaño. Mis padres nos llevaban del ramal por los caminos y una vez mi poni se me desbocó (mirándolo ahora, ¡probablemente solo iba al trote!). En cualquier caso, grité, mi madre también se asustó, pero no me pasó nada y aquello no apagó mi amor por los caballos.
Luego, al volver de las vacaciones, empecé a dar clases de equitación en Londres y, en 1977, tuve un poni a media pensión. En 1979 mi familia se mudó a Norfolk y la promesa de tener algún día un poni solo para mí se hizo realidad. En junio de 1979 llegó mi primer poni, un precioso poni negro llamado Midnight. En fin, desde Midnight ha habido bastantes caballos en mi vida.
Mi último caballo, que por desgracia murió de forma muy repentina, era un precioso frisón y competíamos juntos en doma clásica de nivel Elementary. Ahora estoy buscando otro frisón; mientras escribo esto, sigue siendo un proyecto en marcha… Así que esa es mi historia ecuestre hasta la fecha.
En cuanto al arte, siempre se me dio bien en el colegio, pero cuando llegó el momento de elegir mis “optativas” para los O Levels, me disuadieron de escoger arte (porque no se consideraba una salida profesional) y tuve que hacer música. Cuando entré en el sixth form (los dos últimos cursos de secundaria), decidí presentarme al O Level de arte, así que tuve que meter 2 años de formación artística en uno, ¡y suspendí el examen! Pero seguí trabajando mis obras en casa y quería más que nunca llegar a ser ilustradora algún día.

Fui a una escuela a hacer un curso de secretariado y tenía un trabajo de los sábados en una cafetería muy de moda, cuyo último piso era un estudio de artistas. Un día, los dos ilustradores que lo llevaban me lo enseñaron y… ¡GUAU! Todo era exactamente lo que yo había soñado: plantas verdes en macetas por todo el estudio, la cafetera en marcha, un disco sonando bajito en un tocadiscos en un rincón, mucha luz, libros por todas partes y dos enormes tableros de dibujo A0 en los que los dos artistas hacían unas ilustraciones complicadísimas para no sé qué libro de texto.
Esa es la vida que QUIERO, pensé, así que trabajé como una loca por mi cuenta en casa intentando reunir un portfolio y ver si conseguía al menos una entrevista en la escuela de arte local solo gracias a mi obra, sin exámenes oficiales de arte. Y así, ese mismo año, me presenté en la Norwich School of Art con mi portfolio y me ofrecieron una plaza en el curso preparatorio (Foundation Course). El problema es que ya me había ido de casa, y la beca que me habría concedido la autoridad educativa no cubría los gastos de manutención, porque ya no vivía con mis padres… así que tuve que rechazar la oferta.

En 1987 volví a Londres (¡a buscar fama y fortuna!) y conseguí un trabajo en el Royal College of Surgeons of England, en la unidad de sanidad animal, con el profesor J E Cooper FRCVS, un veterinario muy eminente en su campo.
Me animó con la que entonces era mi “afición”, ir formando un portfolio de ilustración veterinaria, y mi obra se publicó, entre otras cosas en algunos de sus artículos para el Veterinary Record, la “revista profesional” de los veterinarios.
Mi trabajo con él me dio la oportunidad de ir a la ZSL (Zoological Society of London), conocer a otros veterinarios de allí y que me dejaran dibujar a los animales que estaban en tratamiento: ¡desde flamencos hasta tapires en recuperación!
Así que, inspirada por todo eso de “animales y arte”, en 1990 me admitieron en la universidad en Londres para estudiar un grado con honores en Ilustración Científica solo gracias a mi portfolio y a mi evidente entusiasmo y dedicación, pero esta vez entré directamente en primer curso, con una beca completa, así que no tuve que hacer antes el curso preparatorio; los 2 primeros años me costó mucho ponerme al día y aprender todo aquello en lo que la mayoría de los demás estudiantes ya tenían una buena base. Lo que lo hizo aún más difícil fue que me admitieron cuando el nuevo trimestre ya había empezado, así que todos se conocían ya, habían empezado a hacer amigos, etc., y al principio me sentí un poco de fuera. Durante las vacaciones, para ganar dinero con el que completar la beca, pasaba todo el tiempo haciendo prácticas con veterinarios de la zona y ayudando en las tareas más auxiliares junto a los auxiliares de veterinaria.

Durante la carrera pasé parte del tiempo en el hospital de la ZSL “observando” y haciendo bocetos, y en el último curso hice mis prácticas en The Durrell Institute of Conservation and Ecology, en la Universidad de Kent. En 1994 me gradué con honores y en los últimos 16 años he levantado un negocio de ilustración freelance con mucho éxito, sobre todo veterinario (¡que me encanta!) y algo de médico.
He ilustrado todos los manuales de la BSAVA de los últimos 15 años, más o menos, desde especies domésticas hasta exóticas y de zoológico, y también me publican todas las grandes editoriales nacionales e internacionales, como Elsevier, Blackwell Science, Dorling Kindersley y Lippincott, Williams & Wilkins (EE. UU.).
¿Cuándo empezaste a dibujar? ¿Fueron caballos?
Mi primer encargo profesional, en 1995, fue en realidad para una enciclopedia de perros, PERO mi primer encargo para una revista (y esa misma revista sigue siendo clienta mía hoy) fue para Horse and Rider Magazine.
Tu arte es singular porque haces ilustraciones para publicaciones científicas. ¿Cómo llegaste a eso?
Mira lo anterior, pero fue simplemente por mi amor a los animales; en algún momento quise ser veterinaria, pero no tenía las notas necesarias para eso…
Esto te da una idea bastante buena de cómo es el caballo por dentro además de por fuera. ¿Crees que tus conocimientos avanzados de fisiología te dan una ventaja artística a la hora de dibujarlos?
Oh, sí, sin ninguna duda, no puedo recalcarlo lo suficiente. Sobre todo con los caballos, que a la mayoría de los artistas les resultan bastante difíciles de dibujar.

¿Solo caballos o dibujas otros temas médicos?
En realidad, todos los temas médicos, incluida la medicina humana, pero como lo primero fue mi amor por los animales, me dedico más a lo veterinario, y como soy muy “de caballos”, recibo muchos encargos equinos porque ya “hablo el idioma”.
¿Tienes algún ídolo artístico en tu sector?
Sí, pero son los “clásicos de siempre”; no hay nadie en el panorama actual al que idolatre como tal. Pero sí los grandes, como Stubbs, Ruini o Gibson. Dicho esto, hace poco he descubierto la obra de Jim Power: trabaja en una yeguada de Newmarket y tiene obras preciosas. Una de mis favoritas se llama La cirugía equina a través de los tiempos y es, en realidad, un collage de ilustraciones que recorre la evolución de la cirugía equina: una ilustración muestra una escena de cirugía muy primitiva y rústica en un granero y se llega hasta una escena de un hospital equino moderno de alta tecnología… es preciosa y, aunque solo la he visto reproducida en un libro, y bastante pequeña, es muy potente. ¡¡¡Es una de esas obras que me encantaría haber hecho yo!!!

¿Tienes algún ritual secreto que te ayude a concentrarte en tu trabajo?
Qué pregunta tan interesante… Nunca lo había pensado, pero supongo que sí, casi sin querer. Cuando empiezo un proyecto nuevo (y me gusta hacerlo a la mañana siguiente de terminar el anterior, aunque eso suponga tener la tarde libre el día antes, ¡que nunca viene mal!), lo más probable es que venga de la ronda temprana por la cuadra, así que llego llena de aire fresco y de olor a caballo.
Así que día nuevo, proyecto nuevo… Luego entro en el estudio, que está en casa, y pongo una emisora de radio tranquila, normalmente algo como Classic FM (una emisora de música clásica). Una taza de café a mi lado y, por lo general, uno, dos o mis tres gatos en algún rincón de la habitación conmigo.
¿Qué efecto crees que tendrá internet en el arte?
A mí desde luego me ha ayudado; de hecho, ha sido una auténtica bendición, porque al principio yo no tenía formación en arte digital, todo era a mano: acuarelas, grabados a pluma y tinta, punteado, lápiz, todo hecho a mano ¡y sin margen de error! Así que allá por 1995 enviar una obra siempre era arriesgado. Primero tenías que confiar en que no se aplastara en el correo. Y como la obra solía ser a la acuarela, en aquella época yo usaba cartón CS, y el pobre impresor tenía la responsabilidad de despegar la capa superior para poder enrollarla en los rodillos de impresión. ¡Qué pesadilla debía de ser! Y solo llegaba a la fase de impresión si no había que hacer correcciones, porque intentar corregir o revisar una acuarela no suele ser viable; de hecho, a veces es imposible.

¡Uf! ¡Solo de pensar en aquellos tiempos me entran escalofríos! Pero sí, el arte digital es fantástico. Haber aprendido sola a usar los programas de arte digital ha hecho que el aprendizaje haya sido algo más lento que el de otros que aprenden estas cosas en la universidad, pero lo bueno es que creo que, cuando aprendes algo por tu cuenta, es más fácil que se te quede. Además, equivocarse o hacer las cosas por el camino largo suele ser una bendición disfrazada a la hora de conocer un programa al dedillo: ¡puedo decir sinceramente que creo que sé sacarle el máximo partido a mi software!
¿Ha influido en el tuyo?
Pues sí, ha cambiado mi forma de trabajar. Por ejemplo, todo el proceso, desde la primera consulta por correo electrónico para un encargo hasta la impresión final, es mucho más fluido.
Puedo enviar los bocetos preliminares a los autores o editores y los reciben en cuestión de minutos y me responden con sus comentarios en cuestión de horas.
En la mayoría de los casos, además, cualquier cambio se puede hacer con facilidad, y eso sencillamente no sería posible con los antiguos métodos a mano sin tener que empezar de cero. Y, por supuesto, documentarse sobre los temas es mucho más fácil gracias a la web, con la información al alcance de la mano. Hace muchísimo tiempo que no voy a una biblioteca, e incluso entonces la mayoría de mis referencias de trabajo había que pedirlas por encargo especial, porque lo veterinario no tiene mucho peso en las bibliotecas del Reino Unido. Y para cumplir los plazos, claro, ¡estar esperando a que llegaran las referencias no era lo ideal!

¿Cuál es tu obra favorita?
¡Uy, tengo muchas! Varían por las historias que hay detrás de cada obra, no solo por la calidad. Por ejemplo, una de mis favoritas es la ilustración que hice como parte de mi proyecto de fin de carrera, para la exposición de graduación. No es especialmente brillante (mi trabajo es mucho mejor ahora), pero en aquel momento estaba muy orgullosa de ella. Se titula Los supersentidos del gato doméstico y muestra cómo y por qué funcionan los sentidos de un gato, es decir, ojos, orejas, bigotes, etc. Puedo decir sinceramente que recuerdo cada pincelada que di en esa obra. Fue en una época de muchísimos nervios, con la recta final de la carrera, que culminaba con la evaluación de los examinadores y la exposición en nuestra muestra de graduación… ¡pero fue precisamente esta obra la que al final me consiguió mi primer encargo, de Dorling Kindersley!
Hay otras obras que me encantan y, como digo, es porque cuentan una historia concreta: tiene más que ver con lo que conseguí que con su calidad, ¡y tardaría días en enumerarlas todas!
Baste decir que creo que las que más me gustan tienen todas otro punto en común, y es la técnica que utilicé para mostrar el exterior y el interior de una estructura al mismo tiempo, la llamada “técnica de transparencia” (ghosting), que era muy difícil de hacer en la época de la acuarela. Ahora, con lo digital, es más fácil, claro.
¿La venderías alguna vez?
¡No, nunca! ¡Simboliza el comienzo de mi carrera profesional!

¿Qué otras cosas te apasionan?
En realidad, cualquier cosa que acerque más el reino animal a la ilustración
¿Trabajas en algo nuevo?
Acabo de terminar un proyecto de medicina humana y tengo en el horizonte un libro sobre enfermería equina. Solo estoy esperando que me confirmen los plazos y esas cosas.
Habrá más
Gracias a Samantha por responder a la entrevista y contarnos más sobre su obra tan singular. No dejes de visitar su sitio Living Art de vez en cuando para ver sus últimos trabajos.
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Traducido del inglés. Leer el original